Desde que era niño soñó con estar en un escenario donde fuera el centro de las miradas, eso sí, todo repleto, que lo que estuviera haciendo se sintiera en cada alma expectante como vital, es decir, ser el ombligo del mundo.
Ese día llegó, era el último minuto de la vida de muchos, pero contradictoriamente el primero para él para alcanzar los que serían infinitos momentos de felicidad, para todos, sobre todo luego de pasar años y años a la sombra, esperando ser reconocido, esperando que lo notaran, que lo determinaran, como decían sus abuelos venidos de la hermana república.
Lo extraño es que la oportunidad le llegó cuando menos lo esperaba, dado que jamás pensó que sería convocado para esa crucial cita, y además, pese a la convocatoria, estar entre los ungidos para resolver el momento mágico o trágico, según fuera el desenlace, es que cuando las cosas son para uno, no hay forma de cambiarlas, pensó, cuando, ante el bullicio de la gente, lo llamaron por su nombre de pila, lo que le hizo dudar, por varias razones. Una, siempre le llamaban por su remoquete, Garrincha, como el famoso brasileño, por su parecido en lo arqueado de las piernas, o “Cambo”, como lo mentaban en la escuela que abandonó en tercer año para “buscar a dios por los rincones”, haciendo lo que siempre le gustó. Dos, había gente con más experiencia en esos momentos, con números, con estadísticas que no daban para que el, uno de relleno, que lo llaman solo para completar “la recocha”, se jugara la vida del grupo y de los que en los alrededores apostaban para salir de muchos años de espera, en los que solo segundos, milímetros, quizás suspiros, les separaron del cielo.
Y es que la vida, le pasó como una ráfaga ese pensamiento, es eso, cuestión de resolver en segundos, en pocos metros, como cuando estuvo a punto de perder todo en un choque insólito. Salió como religiosamente lo hacia todos los días de su casa, mejor de la de sus padres, “donde vivo con mi jeba y una chamita de dos años”, y esperó el transporte colectivo. Este se retrasó, llovía mucho, por lo que se preocupó, no le gustaba llegar tarde, aunque, a decir verdad, cuando lo hacía, el resto del grupo apenas ni lo notaba, a menos que no fuera para completar una rutina, cuando sobraba alguien que no pudiera trabajar solo. Deseó profundamente que apareciera un amigo que le diera un empujón, en verdad eran pocos los que en su barrio tenían vehículos, solo bicicletas y así tampoco llegaría a tiempo, en esas cavilaciones apareció un sujeto pana de todos, “pero que los pacos me la tienen aplicada, a cada rato me paran y me tumban”, decía El Meniao, el motorizado que le ofreció el aventón. Dudó, pues a lo lejos apareció una “huelepeos”, repleta, con gente hasta en las placas, en segundos se vio trepado en la máquina del hombre marcado por los “ gendarmes de la seguridad pública”, que en segundos también aparecieron para detener “el vuelo de los pajaritos, que seguro iban a atracar a alguien”, como luego se reflejó en una minuta policial, que además fue aliñada “ con la incautación de un arma de fabricación casera (chopo) calibre 44, con la que los sujetos intentaron enfrentar a la comisión policial cuando éstos le dieron la voz de alto”.
Lo cierto es que “Cambo”, sufrió lesiones en una de sus piernas, “afortunadamente la chueca”, reflexionó en su lecho de enfermo, cuando en el piso lo patearon porque “ no debes salir a la calle limpio, ¿de qué vamos a vivir nosotros?”. Coño, si desde hace cinco meses que no cobro, de vaina cargó el pasaje, se atrevió a decir. La repuesta no se hizo esperar, mas patadas y un cascazo, “para que seas serio”. Pensó: por ahorrarme unos segundos me jodí. Eso es la vida...
De repente ese policía que me golpeó debe estar también esperando con el alma en vilo, con el corazón acelerado, pidiendo desde su alma que yo cumpla, que no deje mal a nadie, es posible que no se acuerde cuando me mandó para el hospital casi un mes y de allí a declarar contra El Meníao, como si yo fuera un sapo, un pajúo, pasó ese pensamiento veloz, más rápido que la aceleración de sus pulsaciones.

De eso pasaron dos años...Nunca más vi a la que todos querían, bueno si la vi, en un “lata” enorme con el presidente del equipo que, según me dijeron, no me quiso mas ahí porque lo hice perder plata, todos los jugadores la otra temporada pidieron aumento por el ascenso y como yo hice el gol tengo la culpa...Así paga el diablo, y el capital...
Imagenes:
http://bit.ly/nIZQGk
http://bit.ly/p9ERhK
No hay comentarios:
Publicar un comentario